A veces nos estancamos en un punto determinado, en el que no podemos seguir, pero tampoco podemos volver... No subimos, no bajamos... Es como estar en una carrera, ver corriendo a todos, y uno parado, mirando como todos avanzan, sin poder correr, sin poder rendirte e irte... Sin poder hacer nada.
Pero llega un momento en que encontrás la fuerza de moverte, de seguir, y una vez que pasa, nadie te para. Ya no te importan los demás; no te importa donde van, o si ya termino la carrera; lo único que te interesa es terminarla, llegar a la meta. Sentir esa satisfacción de haber terminado algo, aunque no haya salido como esperabas.
Las cosas no son lo que parecen, nunca lo son. Uno a veces no es lo que uno cree. La gente cambia, las cosas cambian, uno cambia; y a veces porque queremos, a veces porque no nos queda otra. Algunas veces alteramos nuestro "yo" para ser alguien quien no somos, y nos encontramos dando vueltas en un laberinto, sin encontrar una salida.
Caer, perder... no son señales de debilidad. Quedarse en el piso es de cobarde. Temer es normal, es como no saber enfrentar la derrota; pero levantarse, a pesar del temor, es de valientes.
Una vez que te levantaste, ya esta, ¿ Qué es lo peor que te puede pasar?... La verdad, ya paso lo peor, ahora solo te queda encontrar la forma de llegar al cima, de volver a esa cima.
Cuando perdemos una cosa, sentimos que es el fin del mundo, pero no... Son millones de cosas las que nos hacen bien, las que nos hacen felices; y si perdemos una, esta todo bien... o lo va a estar... pero nada se termina, todo se transforma. Y en la vida, el único final definitivo lo ponemos nosotros, cuando nos rendimos, cuando nos damos por vencidos y pensamos que todo esta perdido y que no hay Por Qué correr.

No hay comentarios:
Publicar un comentario